~ Remember the first dance we shared?
Recall the night you melted my uglyness away?
The night you left with a kiss so kind
Only a send of beauty left behind.~
Y estaba yo allí, parado en el balcón de mi castillo admirando el nocturno paisaje que el invierno me ofrecía...todo parecía estar bien, excepto por una cosa: una carroza se acercó a las rejas principales de mi morada. Una vez que la carroza se detuvo, alguien se bajó de ésta y se dirigió a la reja, tambaleándose, se sostuvo de ella y dijo en un tono agonizante:
-Ayúdenme, por favor.
No sé por qué o el motivo por el cual me subí a la gruesa barda & acudí en su ayuda, me acerqué lo suficiente y vi que era una mujer que no pasaba de los cuarenta años; le abrí la reja, ella cayó en mis brazos, en sus ojos pude ver agonía, ella olía a miedo. Esa mujer estaba terriblemente herida, habían sido los lobos...mis lobos.
-No se preocupe, usted estará bien-dije con calma, pues sabia cómo curarla, ella negó débilmente con la cabeza.
-No, yo sé que ha llegado mi hora de partir-dijo apenas en un susurro-Sólo le...pido..u-un último deseo
-Lo...que usted desee.-dije un poco sorprendido
-Cu...cuide de...mi...de mi hija-dijo en un último suspiro.
Una vez dicho ésto, la mujer cerró los ojos e inmediatamente su vida se fue. Su piel se puso pálida, su vida había terminado. Cargué el cuerpo de la difunta y me interné en el bosque, fui al río que pasaba por allí y lavé las heridas de aquella mujer, acto seguido cavé un hoyo en el suelo y puse el cadáver de la mujer. Memoricé el lugar, pues sabía que algún día lo necesitaría.
Regresé a mi castillo, por mi mente pasaba la última voluntad de aquella desconocida "Cuide de mi hija". No sabía quién era su hija y mucho menos que hacer o por dónde buscar. Me acerqué a la carroza y por mero morbo me asomé en ésta, me sorprendí al ver a una hermosa joven. En la carroza había un delicioso olor, me imaginé que era el olor natural de aquella joven que parecía estar dormida. Me metí a la carroza y pude apreciarla mejor, fue así como me di cuenta de que aquel embriagante olor era el de la sangre que provenía de una herida que ella tenía en su cabeza.
Sentí cómo mis ojos tomaron ese color ambarino que tanto amaba, mis instintos me dominaron por unos segundos, y me acerqué a ella, acto seguido lamí la sangre que brotaba de su cabeza. No sé por qué pero sentí cierto deseo hacía esa chica, la tomé en mis brazos y la metí al castillo, con cierto frenetismo la llevé a mi habitación. La recosté en mi cama y olisqueé su cuello, el aroma de su piel hizo que algo en mí despertara, un sentimiento que no había sentido desde que la maldición había caído en mi, un sentimiento de lujuria despertó en mi ser.
Miré a detalladamente a aquella chica, me quedé sorprendido con su belleza. Esa mujer era dueña de una delicada piel blanca, un cabello largo y negro, unos carnosos y apetitosos labios rosas, una preciosa melena negra, cuyo largo no podía determinar ya que estaba acostada. El vestido azul que llevaba puesto, marcaba su figura. No me apena decir que deseaba deshacerme de aquel vestido para admirarle bien, mis manos recorrieron traviesas su cuerpo, acaricié cada parte de su bien formado cuerpo, admito que me dieron ganas de hacer más, pero tenía que controlarme, no podía tomarla, o al menos no por el momento.
Ante la imposibilidad de hacerla mía, le di un beso en sus labios. Era lo único que podía hacer, además de que era algo demasiado significativo para mi pueblo, pues nadie la podía tocar...sólo él. Después de besarle la dejé descansar en mi habitación y fui hacia mi habitación preferida, una habitación donde habían varios instrumentos. Me acerqué al piano negro, acaricié sus teclas y me senté en el banco, cerré mis ojo y comencé a tocarlo, las notas fluían y la música inundaba aquella habitación. Estaba tan concentrado tocando que no me di cuenta de que habían entrado hasta que una vocecilla interrumpió mi improvisada melodía:
-Señor Alexander-dijo la pequeña Taimi, inmediatamente abrí mis ojos y volteé a ver a aquella niña de cinco años
-¿Qué pasa Taimi?-pregunté fingiendo una sonrisa a esa pequeña
- Dice mi mami que si no va a desayunar.
-Desayunar?-pregunté confundido
-Si-asintió la pequeña y fue hacia la cortina y la corrió, la luz del día se abrió paso por el ventanal. Cerré mis ojos hasta que se adaptaron a la luz. Miré de nuevo a Taimi y le dije:
-Dile que ya voy, sólo necesito ir a ver algo.
La pequeña asintió y se fue corriendo.
Me dirigí hacía mí habitación, abrí la puerta suavemente, pues pensé que mi invitada aún dormía. Cuando entré, me di cuenta de que ella no estaba en la cama. La busqué con la mirada, pero-a pesar de mi habilidad para poder ver en la obscuridad-no encontré nada. Así que me guié por el embriagante aroma de su piel, la encontré hecha un ovillo, pegada a la pared. Me acerqué a ella y le toqué el hombro, ella se sobresaltó y le tapé la boca antes de que ella gritara.
-Tranquila hermosa, no te haré daño-dije con un tono serio y tranquilo. Ella respiró agitadamente y preguntó temerosa
-¿Dó...dónde estoy?
-Estás....
........................................................................CONTINUARÁ...........................................................
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